«El contorno de las hojas de los árboles se perfilaba como si las hubieran cincelado en piedra negra. El colosal conjunto de arces y tilos formaba un dibujo negro y plano sobre el fondo del cielo, que clareaba. La belleza del mundo sobrepasó aquella noche su cota más alta, hasta tal punto que nadie no pudiera dejar de reparar ni pensar en ella. Semejante triunfo de la belleza sólo se manifiesta cuando, además de algún observador ocioso que se detiene impresionado ante el cuadro que se despliega ante sus ojos, también el obrero que acaba de terminar su jornada y el caminante con los pies llagados abarcan lentamente con la mirada la tierra y el cielo, olvidándose del cansancio.»
Vasili Grossman fue un escritor, periodista y corresponsal de guerra soviético nacido en Berdíchev, entonces parte del Imperio ruso y actualmente territorio de Ucrania. De origen judío y formado inicialmente como ingeniero químico, abandonó poco a poco su profesión para dedicarse a la literatura. Cuando la Alemania nazi invadió la Unión Soviética en 1941, Grossman se incorporó como corresponsal a un periódico militar y acompañó al Ejército Rojo durante algunas de las campañas más decisivas de la guerra: Moscú, Stalingrado, Kursk y la toma de Berlín. También fue uno de los primeros periodistas en describir el exterminio de los judíos en Europa oriental y escribió un estremecedor testimonio sobre Treblinka que sería utilizado durante los juicios de Núremberg. La guerra lo convirtió en una figura conocida, pero también lo destruyó en lo personal: su madre fue asesinada por los nazis en Berdíchev y su hijastro murió en el frente. De aquella experiencia surgieron Stalingrado y Vida y destino, concebidas como las dos partes de una misma obra monumental sobre la guerra, el totalitarismo y la fragilidad del individuo frente a los grandes mecanismos de la historia.






