«A dios mismo lo crucificaron, y de haber querido los romanos le habrían sacado los ojos y cortado la lengua y la nariz y las orejas. Al Cristo lo aporrearon antes de ejecutarlo. Lo aporrearon tanto que ya iba loco cuando lo montaron en la cruz. Era Dios que se hizo hombre cuando lo azotaron, y entonces fue hombre que se volvió loco y se creyó Dios.»
David Toscana es un escritor mexicano que estudió Ingeniería Industrial y trabajó durante algunos años en el ámbito empresarial antes de dedicarse plenamente a la literatura, una procedencia que quizá explique, aunque sólo sea parcialmente, su manera de observar los oficios, los objetos y la transformación mediante el trabajo. Publicó su primera novela, Las bicicletas, en 1992, y desde entonces ha construido una obra singular, alejada tanto del realismo social más inmediato como de las fórmulas dominantes de la narrativa comercial. Entre sus libros se encuentran El último lector, Los puentes de Königsberg, La ciudad que el diablo se llevó, Olegaroy, El peso de vivir en la tierra, entre otros. Antes de obtener el Premio Alfaguara había recibido reconocimientos como el Xavier Villaurrutia, el Elena Poniatowska y el Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa.






